Gestión Cambio y Tiempo

Si sabemos gestionar los cambios tendremos la clave de una buena gestión profesional. Para poder seguir ser en los mercados actuales, debemos adoptar una actitud positiva frente a los cambios, es decir, debemos tener una alta predisposición a cambiar.

Todos sabemos que cualquier tipo de cambio afecta de una manera u otra a casi todos los aspectos nuestra vida, tanto en los personales como en los profesionales, por lo tanto, debemos adoptar una postura abierta, que nos permita tomar la iniciativa necesaria para poder enfrentarnos al futuro con la garantía y seguridad necesaria.

Gestión del cambio

  • Cambiar y adaptarnos al mercado es la única manera de ser competitivos y poder crecer en nuestro ámbito profesional.
  • No debemos rechazar y resistirnos a los cambios, el mercado profesional o laboral no los va a permitir, ya que nos excluirá y marginará.
  • Prever, adaptarse e intentar dirigir los cambios nos proporcionará seguridad, ventajas y nuevas oportunidades, si no sabemos gestionar de alguna manera u otra estos cambios nos podemos enfrentar a desventajas competitivas y riesgos.
  • Debemos enfocar los cambios como oportunidades en potencia, que nos permitan tanto desarrollar nuevas ideas como aumentar nuestra capacidad de adaptación a cada circunstancia profesional requerida o exigida en cada momento por el mercado.
  • Debemos saber planificar los cambios, tanto a corto como a largo plazo. Cuantos más claros sean los objetivos, mejor será su planificación.
  • Si damos forma y aclaramos nuestros objetivos podremos alcanzar resultados importantes y decisivos en nuestro ámbito profesional. Podemos prosperar si sabemos clarificar y centrar nuestras metas.

Gestión del tiempo

  • Saber combinar lo lento y lo rápido (una estrategia de cambio debe incluir medidas a corto, medio y largo plazo), saber marcar plazos (cada tipo de cambio tiene un momento o período de aplicación, es decir, los cambios para poder ser más aceptables deben ser introducidos por etapas) para poder hacer un seguimiento de su resultado.
  • La mayor parte del tiempo y de la energía que dedicamos a controlar nuestras tareas diarias así como a gestionar los continuos cambios que se producen en nuestra actividad profesional, se malgastan porque faltan objetivos, planificación, prioridades, y visiones de conjunto.

Planificación y objetivos

  • Sólo aquel que se ha marcado objetivos es capaz de tener una visión panorámica de los problemas, de establecer prioridades, de canalizar aptitudes, y de concentrar las fuerzas sobre los verdaderos puntos de gravedad.
  • Cuanto mejor planifiquemos y distribuyamos nuestro tiempo tanto mejor podremos aprovecharlo para el logro de nuestros objetivos personales y profesionales.
  • La clave de una de planificación para alcanzar nuestros objetivos reside en saber priorizar nuestras acciones.
  • Establecer prioridades significa decidir que tareas son las de primer orden, es decir, cuáles son las más importantes y cuáles son las que nos conducen a un resultado, para poder separarlas de las de segundo orden que no son tan importantes y que podemos realizarlas en otro momento o si tenemos la posibilidad poder delegarlas. Un criterio podría ser el siguiente.
    1. Tareas o acciones de tipo A: únicamente sólo pueden ser llevadas a cabo por nosotros o en colaboración con un equipo.
    2. Tareas o acciones de tipo B: son importantes pero pueden ser delegadas a terceras personas, sólo requerirán de un seguimiento y control por nuestra parte, ya que delegamos el trabajo, pero no la responsabilidad de su éxito.
    3. Tareas o acciones de tipo C: son las tareas rutinarias que no conducen a ningún resultado, pero que deben ser realizadas diariamente y son las que nos consumen la mayor parte del tiempo de nuestro trabajo (papeleo, lecturas, teléfono, actas, correspondencia), por lo que un procedimiento adecuado sería el de agruparlos por su finalidad.